DIOS ELIGE A HOMBRES Y MUJERES SENCILLOS Y HUMILDES
Dios elige a quien quiere, aún a aquellos que son sencillos en su forma de vivir, como en el caso de Amos, un pastor y cultivador, es decir un trabajador agricola. Dios ha tenido una especial predilección por los hombres y mujeres simples y humildes. El mismo Señor Jesús eleva al Padre una oración de gratitud por esta inclinación a los hombres sencillos: “Yo te bendigo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños (sencillos y humildes)” (Mt 11,25). Es un gran detalle y fineza del Señor para con los hombres alejados de la vanidad y la soberbia, como en aquel tiempo a la dureza de corazón de los fariseos y maestros de la Ley, y hoy a muchos que le imitan en sus vanidades y soberbia, que a pesar de que hablan de Dios, no son los hombres que Dios desearía tener. Por esa razón el Señor Jesús da gracias al Padre por la humildad de aquellos que sí creyeron y acogieron la verdad revelada por Él, que lo acogieron a Él mismo. Jesús eligió como amigos para predicar su Palabra a pescadores, campesinos, labradores, aldeanos y pueblerinos.
La forma de vida austera, sencilla y humilde, acompañado del carisma no solo le dan credibilidad al hombre o mujer de Dios sino que se deja ver en ellos lo mas valioso: El Evangelio eterno, la poderosa palabra de Dios. Por eso los grandes hombres de Dios decidieron voluntariamente dejar los bienes materiales, para que esas riquezas no opacara lo mas precioso que llevaban consigo....
Porque donde esta vuestro tesoro, allí estará
estará vuestro corazón.
Es por eso que hoy en día la gente no cree en el evangelio, por el mal testimonio de sus líderes porque existe una dicotomía entre lo que se predica y lo que se vive en la vida privada y pública en el diario vivir, las acciones, las reacciones ante la presión, ante la crítica.
Los líderes de hoy no son distintos a los fariseos y maestros de la ley a los cuales Jesús trató duramente y los comparó como sepulcros blanqueados porque por fuera se mostraban como santos y honorables señores pero por dentro estaban llenos de odiosidades, aprensiones o prejuicios, envidias y celos hacia aquellos hombres pobres y vulgares que Dios había escogido para llevar su palabra.
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