viernes, 4 de enero de 2019

¿PORQUE LA IGLESIA EVANGELICA NECESITA UNA REFORMA COMO HACE 500 AÑOS?

La primera reforma: “Protestando contra el catolicismo romano”

Cuando hablamos de la Reforma del siglo XVI, personas como Martín Lutero creían en una reforma de la iglesia católica. De hecho, en las 95 tesis que clavó en la puerta de la abadía de Wittenberg, si bien desataron la polémica de la iglesia católica por el tema de la venta de indulgencias, eran, al principio, un poco condescendiente en el sentido que no menciona una ruptura total con la iglesia católica por todos sus males.
El tiempo transcurrió y en un muy corto plazo Lutero estaba en la lista negra de la inquisición católico romana. Martín Lutero empezó a predicar de una manera apasionada la justificación solo por la fe, y a denunciar los engaños del catolicismo en una abanico más grande más allá de la venta de indulgencias (que mencionó en sus tesis). Esto ocasionó, como con todos los reformadores, una salida de la iglesia católica, una separación definitiva.

La segunda reforma: 
¿Una reforma en contra de la corriente evangélica popular?

Si bien el siglo XX fue positivamente un siglo de evangelización en América Latina donde se fundaron muchísimas iglesias producto de la labor misionera, también llegando a finales del siglo hubo una degradación paulatina de la fe evangélica, con falsas doctrinas  que carcomieron a la iglesia “como gangrena” (comp. 2 Ti 2.17). Curiosamente estas falsas doctrinas y engañadores tienen un paralelismo notable con los problemas que tuvieron que lidiar los reformadores del siglo XVI. Satanás puede cambiar sus estrategias, pero no sus objetivos, que siempre son tratar de pervertir el evangelio.

Hagamos una comparación del engaño católico del sigo XVI con el engaño del “movimiento apostólico y de prosperidad”, que infiltra a muchos evangélicos en el siglo XXI. También contemplaremos algunas prácticas neoevangélicas de nuestro tiempo.

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